El grunge de Pearl Jam salva la temporada al Festimad más metalero
«I´m still alive» (aún estoy vivo) fue el grito que más retumbó el pasado sábado en el estadio Butarque de Leganés, donde este año se ha celebrado el ya clásico -y venido a menos, según la mayoría- Festimad. La frase, que pertenece al estribillo de «Alive», una de las canciones más aclamadas del grupo cabeza de cartel, Pearl Jam, bien podría adoptarla el festival como slogan, en vista de las mil y una vicisitudes por las que ha pasado en los últimos años. Cambios de emplazamiento, cancelaciones, disturbios... en el «Festi» ha pasado de todo, pero ahí sigue, fiel a su compromiso de ofrecer buena música a un precio razonable, misión imposible, al parecer, para promotores de encuentros similares como el FIB o el Summercase. Cierto es que el «buen rollito» de la acampada pasó a la historia, y también que, salvando a los que ocupan las letras grandes del cartel, la calidad, o siendo más condescendientes, la fama del resto de grupos no ha hecho más que decaer. Pero aun así, sería prematuro certificar la defunción del Festimad - uno de los macroconciertos más conocidos fuera de nuestras fronteras-, aunque su éxito este año haya dependido en un 90 por ciento del tirón de los de Seattle.
La noche y el día
La primera jornada, consagrada a las formas más salvajes del rock, transcurrió con más pena que gloria, pues la pequeñez de la parroquia (menos de 6.000 personas) no dió demasiado pie a la jarana. Tras las poco movidas pero dignas primeras actuaciones, entre las que destacó el rock atmosférico de Anathema, llegó el turno de Slayer. Los californianos, que dieron otra lección de técnica y contundencia, vieron cómo sus incondicionales se dejaban la piel - y la garganta- en cada tema, cerrando una jornada que no pasará precisamente a los anales del Festimad.
La segunda tanda de conciertos fue otra historia. Con el aforo completo -20.000 personas-, Pearl Jam, última banda superviviente del rock harapiento (grunge en inglés), dieron un inmenso concierto en el que contaron con un invitado de excepción. Javier Bardem, viejo conocido de la banda, subió al escenario para presentar «Black», una balada que corearon todos los presentes mientras Eddie Vedder, vocalista de la banda, cataba a grandes tragos la botella de vino que su amigo actor le había regalado en el camerino. Versiones de los Who y los Ramones completaron un variado y animado repertorio, que convenció con creces a todos sus fans.
Fuente: http://www.abc.es/20070611/espectaculos-musica/grunge-pearl-salva-temporada_200706110300.html
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